Bueno Useppe, te mando mi entrevista tal y como pediste en
tu foro. De todas formas, ya tenía pensado ofrecértela con
anterioridad, porque yo también aprendí mucho en su día con
las experiencias de los demás en tu web. Me gustaría que
incluyeras mi relato entero, porque en tu web se echa en
falta cómo es "el día entero" de la entrevista. Saludos,
suerte por allí en Ávila, y espero que pronto seamos
compañeros.
"Eran las 8:30 de la mañana del 28 de marzo cuando dejé el
taxi y me disponía a entrar en la División de Formación y
Perfeccionamiento de la Policía Nacional. No llovía, como el
día anterior, incluso hacía algo de sol. En la puerta, un
poli que ni bien me ve vestido de traje me manda entrar y me
señala a un grupo de chicos, también vestidos de traje, que
aguardaban. Estuvimos allí, a la intemperie, sin hablarnos
entre nosotros. Había tensión. A los diez minutos, un
operario nos lleva hacia el interior del edificio, y todos
le seguíamos en fila india, en silencio. Nos lleva el guía
por unos pasillos, adornados en el suelo por unas diminutas
baldosas hexagonales de colores, que formaban un conjunto de
diseño obsoleto, tanto como lo era el edificio, viejo, con
goteras y humedad...
Después de subir unas escaleras, llegamos a un pasillo en el
que ya estaban nombrando a los opositores. Ya había gente
que había llegado con anterioridad, seguramente a las 8 de
la mañana. A medida que nos van nombrando, vamos entrando en
una aula alargada, en donde nos sentamos en unas mesas para
cubrir y firmar unos papeles: una para comprobar los datos
de las hojas que nos hicieron firmar en los psicotécnicos,
otra para declarar si tomábamos algún medicamento que
pudiese dar el cante en el análisis, otra hoja estaba llena
de recuadritos que se correspondían a las actividades del
día (entrevista, análisis, audición,...) y que debían
sellarnos a medida que las fuésemos realizando, también
había una bolsa de plástico doblada para meter luego el bote
de orina,...
A mi lado se sentó un chaval que parecía tener veintilargos.
Nos saludamos, y seguimos el protocolo de presentación que a
lo largo del día emplearíamos todos: de dónde eres, cuántas
veces te presentaste, qué media tienes,... Él era un
alicantino que se presentaba por cuarta vez, pero nunca
había llegado a la entrevista: el año pasado había
suspendido el ortográfico...
Al acabar de firmar, nos mandan al análisis de sangre y
orina. Nada especial que contar. Salimos, y vamos a la mal
denominada cafetería a desayunar, que no era más que un
chiringo mal montado con tablas... cobran, por supuesto. Y
luego, a que nos tomen las medidas y el peso. Ese era el
primer punto caliente de la jornada, porque yo tenía algo de
sobrepeso, según mi estatura (1,84 descalzo) debía pesar 91
kilos y pesaba 93. Llegamos al sitio (se denomina
"Vestuario" en la hoja que nos sellan), y había dos tipos:
el señor A, que tenía un ordenador en el que metía los
datos, y el señor B, que tomaba las medidas de la gente para
el futurible uniforme. El señor B me dice: "súbete a la
máquina esa del fondo que te mide y te pesa, memoriza los
datos, y díselos al señor A". Y me subí a la maquinita,
vestido y sin vigilancia, con lo que los que tengan
problemas de altura o peso no tendrán mayor problema para
mentir. Yo declaré al señor A dos kilos menos... y luego el
señor B me tomó las medidas. Un problema menos.
A todo esto decir que el orden de las diversas pruebas era
diferente para cada uno. Había multitud de grupitos de
opositores que seguían un orden diferente. De hecho, mi
grupo, en lugar de continuar con el reconocimiento, fue
enviado a hacer las entrevistas. A medida que llegabas, te
ponían tu expediente (de preguntas abiertas y cerradas)
según el orden de tu llegada, y mientras, a la sala de
espera. Allí, podías leer revistas del CNP como "Agente de
Policía", o incluso el periódico de la academia de Ávila...
Decir que la sala de espera está coronada en su centro por
un hermoso agujero provocado por la humedad, haciendo gala
del deplorable estado del Centro de formación de
Carabanchel.
Me toca el turno y me mandan sentarme en una silla al lado
de una puerta con un número, había como diez despachos de
entrevistas en ese pasillo. Golpeo la puerta y me sale el
poli que me entrevistará, me coge el expediente para
estudiarlo con su compañero, y mientras yo espero en la
silla que está pegada a esa puerta. Mientras espero, oblicuo
a mí había un quillo sevillano en otra silla pegada a otra
puerta con otro número. Hablamos un rato, de dónde éramos y
demás, pero no da tiempo para mucho porque al poco se abre
mi puerta y me mandan entrar... Comenzaba mi entrevista...
El poli que me abrió la puerta me da la mano y se
identifica, el otro, el psicólogo, que también era poli,
también me da la mano, me mandan sentar. La habitación era
más pequeña de lo que pensaba, alrededor de 4 metros de
ancho por seis o siete de largo, con la misma decoración
hortera del suelo, con esas baldositas hexagonales de
colorines anárquicos, y esa pintura blanca atacada de
humedad por las paredes. La mesa de los entrevistadores,
también a diferencia de cómo me la había imaginado, esta a
la altura del suelo, siempre había pensado que estaba más
alta que el opositor... La carpeta con la documentación me
la pongo en mis muslos...
Comienza el psicólogo-poli:
-Muy bien, Puaj. Coméntame, ¿Cómo es que si estabas
estudiando la licenciatura de Historia, y estando en 5º, de
golpe dejas todo y se te da por presentarte a la Policía?
-Bueno, no es cierto que haya dejado todo de golpe, todavía
sigo con la carrera y pienso acabarla este año. Hace tiempo
que tenía pensado presentarme al CNP, pero quería quitarme
las asignaturas más difíciles el año pasado para dejar las
más fáciles para este año y preparar la oposición con más
tranquilidad. De hecho, pude presentarme el año pasado pero
no lo hice por ese motivo...
-Veo que ha nacido en Argentina, ¿Son sus padres argentinos?
-No, sólo lo es mi madre. Mi padre nació en Monforte de
Lemos, en Lugo, y se fue de pequeño para allá. Yo llevo
desde los ocho años en España, y soy español de nacimiento.
-O sea, que su padre nació aquí, luego se fue para allá, se
casó con su madre, y luego volvisteis.
-Sí.
-Ahá, y veo también que son... dos hermanos además de usted,
¿no?.
-No, soy yo y otra hermana.
-¿Y quién es el mayor?
-Yo, un año y medio.
-¿Y se lleva bien con ella?.
-Sí, nos llevamos poca diferencia de edad y hemos salido
muchas veces juntos... Se puede decir que nos compaginamos
bien.
-¿De qué trabajan sus padres?
-Mi padre es economista y mi madre atiende un kiosco.
-Vaya, se puede decir que vivís bien...
-Bueno, no vivimos mal.
-¿Y qué piensan sus padres de que entre en la policía?
-Están muy contentos de que haya encontrado mi camino y me
apoyan.
-¿Con quién se lleva mejor: con su padre o con su madre?
-Bueno, me llevo bien con los dos, pero quizás mi padre me
ha servido como ejemplo y modelo. Me ha enseñado muchas
cosas, como el hecho de que todo en la vida requiere un
esfuerzo.
-¿Y cómo si vivís bien usted ha trabajado tres meses en una
pizzería?
-Bueno, porque mis padres me dijeron que si quería estudiar
una carrera, que no es algo imprescindible para la formación
de una persona, tenía que hacerlo con la beca, y si no
obtenía la beca tenía que buscarme yo la forma de pagarme la
matrícula.
-Dígame, Puaj, ¿Tiene pareja?.
-Sí. Llevamos cuatro años saliendo ya.
-Vaya, así que con tanto tiempo juntos supongo que habrá
hecho planes, ¿verdad?.
-Pues sí, pero todavía debe acabar ella la carrera, y le
faltan unos años...
-Seguramente tengan que estar separados largos períodos de
tiempo... ¿Cómo lo van a afrontar?
-Lo tenemos asumido. Además, ya hemos estado tiempo
separados, cuando alguno tenía algún viaje...
-Dígame, ¿acaso tiene necesidad de salir del ámbito
familiar?
-No, para nada. Vamos, que no me presento a policía para
salir del ámbito familiar...
-Entonces, ¿Por qué quiere ser policía?.
Le meto el discurso clásico: "que si quiero estar en
contacto con la gente", "que si es un cuerpo con muchas
posibilidades", que si patatín, que si patatán,...
-Es una respuesta típica de Academia. Usted ha estado en una
academia, ¿no?.
-Sí, en Pontevedra.
-¿Y conoce a un profesor que se llama X?
-Sí, me dio clases unos meses.
-Sí, le conozco... (parecía que se le llenaron los ojos de
nostalgia). En fin, ¿Cree que la vida lo ha tratado bien
hasta ahora?
-Pues sí, en realidad no puedo quejarme. Pero si estoy
contento con la vida que he tenido hasta ahora, es porque he
puesto mucho de mi parte. Nada me ha venido sólo.
-Aquí pone que usted es donador de sangre... ¿Puede
demostrarlo?
-Pues... no tengo aquí el carné.
-Y además pone algo bastante ridículo como que está en lista
de espera para recoger el chapapote del Prestige para el mes
de abril. ¿Cómo no fue antes?
-Es que cuando fue lo del Prestige, a finales de noviembre,
faltaban 15 días para las pruebas físicas y no podía
arriesgarme a torcerme un tobillo o a lesionarme. Luego
vinieron los carnés, el psicotécnico, los exámenes de la
carrera,... recién ahora voy a tener más tiempo.
-¿Le cuesta hacer amigos?
-No, para nada. Hombre, en una reunión social no estoy
apartado en una esquina ni soy el jefe de la fiesta...
De golpe se empiezan a partir el culo los dos:
-JA, JA, JA, JA, JA... el jefe de la fiesta... JA, JA, JA,
JA!!!
Yo les miro extrañado, pero pronto me aclaran:
-Tranquilo, es que se nota que eres de letras, porque
manejas muy bien el lenguaje. Eso es bueno, sólo nos ha
causado gracia la expresión... Y dime... Ya que sabes tanto
de Historia... ¿Cuál es tu personaje histórico favorito?
-Bueno, no tengo ningún tótem endiosado... no sé... nadie en
especial... Quizás Bismarck...
-Ahá, qué era, alemán ¿no?.
-Sí, fue el general alemán que reunificó Alemania en el
siglo XIX con un gran juego diplomático de alianzas entre
las potencias...
-Y hablando de tus estudios...¿Qué piensas que pueden
aportar esos conocimientos a la Policía?
-Pues.... (pregunta jodida)... Quizás el conocer el pasado y
las reivindicaciones de muchas comunidades extranjeras que
viven en España, como los marroquís.
-En idiomas bastante mal está usted... ¿En la carrera no dan
idiomas?.
-No, sólo Latín si se coge la especialidad de Historia
Antigua, pero yo soy de Historia Contemporánea.
-¿Cree usted que es mejor o peor que el resto de la gente?
-No, para nada. No soy ni mejor ni peor que nadie. Soy una
persona normal.
-Pero piensa hacer grandes cosas en la policía???
-A ver... Quiero aportar mi granito de arena al correcto
funcionamiento de la policía y de la sociedad, no
convertirme en un Mesías ni nada por el estilo...
-Aquí ha puesto que le gustaría escoger la Seguridad
Ciudadana, ¿por qué?
-Porque creo que es el puesto más cotidiano, más ordinario
de un policía y en el que se aprende más...
Luego me preguntó si conocía a algún policía, le comenté que
sí, que juego partidos de fútbol con los polis de mi pueblo,
"entonces, qué es lo más negativo de la policía que le han
contado" "pues... no sé, en general me han hablado de cosas
positivas... tampoco hay tanta confianza como para que me
comenten sus problemas laborales"...
También se me preguntó por los defectos que mi gente me
reprocha, y dije que quizás que era algo despistadillo con
las fechas, y también que era algo egoísta con respecto a
esta oposición, porque me centré mucho en él y ayudaba poco
en casa...
-Bien... En el test de preguntas cerradas sale que es usted
bastante depresivo...
-Pues no sé por qué... Quizás porque soy una persona
bastante tranquila...
-¿Pero le afecta el tiempo a su estado de ánimo?
-No... Vaya, que a todo el mundo le alegra un día soleado,
pero tampoco como para cambiarme el ánimo...
-¿Y alguna vez no se ha reconocido mirándose a un espejo?
-(Ésta era una pregunta cerrada del test de personalidad,
pero no me acordaba qué había puesto) Quizás alguna vez, de
pequeño...
-¿Y por qué?
-No lo sé, la verdad...
-¿Cree que la gente no entra en razón?¿Qué es usted un
incomprendido?
-No, para nada. Si no estoy de acuerdo con alguien se
dialoga, y si no se respetan los diferentes puntos de
vista...
-Dígame qué puede aportar usted al cuerpo...
-Entrega..... (me quedé callado, y el tipo me miró como
diciendo "¿Solo?").... y.... y profesionalidad.
Después le tocó el turno al poli-poli, y me preguntó pocas
cosas: que le explicase el concepto y qué me parecía el
plan Policía 2000 (le dije que era una estructuración de la
Policía de proximidad para lograr una mayor acercamiento al
ciudadano, y que en la teoría me parecía bien, pero que
debía verlo en la práctica para tener una opinión completa),
también me preguntó que qué opinaba de la inmigración (le
dije que era positiva para tanto para los españoles como
para los inmigrantes, siempre que sea legal), me preguntó
por la inmigración ilegal y sus mafias ("para eso está la
policía", le dije), y volvió a preguntarme por el tema: qué
me parecía la regularización de inmigrantes llevada a cabo
por el Ministerio del Interior (le dije que si se había
hecho era porque era algo necesario). Me preguntó si estaba
dispuesto a cortarme el pelo y dejar de usar pendientes para
entrar en la poli (le dije que sí), me preguntó si conocía
los horarios de la poli (le dije que sabía que los polis
trabajaban sábados, domingos y noches, pero que lo tenía
asumido,...). Para finalizar, me mandó decirle dos palabras
por las que quiero entrar en la policía (le dije las dos que
se me vinieron primero a la cabeza: voluntad e ilusión)...
Luego el poli-poli dijo que por él había acabado, y el
poli-psicólogo me dijo que le diese saludos a mi profesor de
academia, el señor X, de parte "de un psicólogo que ya sabe
él". Me dieron la mano y me fui.
Esta fue más o menos mi entrevista, algo desordenada, porque
las preguntas que me hicieron las apunté el viernes por la
noche... Duró sobre 20 minutos...
Al salir de la entrevista, me mandaron al aula del principio
de la mañana, en donde nos tuvieron esperando hasta que el
grupo en el que estaba se reagrupase. Al lado se me sentó un
chaval de Vigo, que me comentó que el año pasado lo echaron
por la vista y que este año se había puesto las Orto-K,
pero se las había quitado hacía un par de horas y estaba
empezando a ver mal y a ponerse nervioso (al final le fue
bien). Tras una media hora de espera, entregamos la
documentación y fuimos al resto de pruebas del médico.
Electrocardiograma, tensión, soplar por un tubito, vista,
audición, y finalmente el reconocimiento médico: ponerse en
gallumbos, tumbarse en una camilla para movernos las
piernas, palparnos la parte baja del estómago, luego ponerse
de pie para andar de puntillas y de talón, enseñar la planta
de los pies, ponerse de cuclillas, enseñar las manos (por
los dos lados), y como colofón, que te toquen los cojones
para ver si tienes un tumor. Luego, ya eres libre, tienes
que vestirte y volver a la sala de espera de antes de hacer
la entrevista para entregar el papel con los sellos de las
pruebas, esperar quince minutos a que corroboren datos, y
largarte para casa. Yo salí a las dos y media, y todavía
faltaba el último chaval para hacer la entrevista.
Y así salí de ese antro llamado División de Formación y
Perfeccionamiento de Carabanchel, andando sólo por los
pasillos, preguntándome quién sería el diseñador que colocó
tan horrendas baldositas hexagonales de colores de los
suelos... y esperando volver algún día, pero ya como
policía."
|